
Capítulo I
Se habla sobre Inglaterra como un país desarrollado, un país con una de las más importantes culturas y con una de las más maravillosas vistas jamás imaginadas. También se destaca el triste y lluvioso clima de sus calles, pero en esta historia, Inglaterra influye únicamente cómo el lugar donde transcurren los hechos, hablando más precisamente de Londres. Esta es mi historia, y la de la mujer a la que hasta el día de hoy sigo amando con cada fibra de mi cuerpo.
Mi vida antes de ella era completamente distinta. Un reconocido actor que lo tenía todo, fama, dinero, mujeres y salud; creí que nada más me haría falta. Sin embargo, a partir de ella me dí cuenta que había llenado un vacío de cuya existencia no me había enterado. Nunca me había enamorado, mi vida era prácticamente la vida de un hombre que amaba su trabajo, y que también se enfocaba en él más que en nada ni en nadie. Todos los días eran iguales para mí, excepto cuando grababa, en esos momentos era cuando me sentía vivo de verdad.
Una de esas repetitivas noches, me dirigí al bar donde solía ir siempre, me senté en la misma mesa y encendí un cigarrillo, vi venir a la moza, una mujer esbelta, de facciones endurecidas y la <piel de lagarto> que le había dejado tanto sol. Tenía el pelo color castaño claro, casi rubio, y ojos de un color verde avellana. Una mujer muy difícil de resistirse, pensé yo, aunque ya había perdido el interés por ella, habíamos ido a la cama varias veces, pero nada de compromisos, nunca los había querido, ni ella tampoco.
- Qué raro tu por aquí.- dijo sonriente en un tono sarcástico.
- No me perdería una noche de este bar, tiene historia.- le contesté del mismo modo. Ella siguió sonriente y me tomó el pedido, un whisky, como siempre.
A las nueve en punto comenzaría el show de la cantante de jazz, solo faltaban unos minutos, así que me dí vuelta hacia el escenario, para disfrutar de él. El poco tiempo pasó volando, como todos los días, y la cantante principal se mostró en el escenario. Ahí fue cuando el tiempo se detuvo.
La música comenzó a sonar, y ella a cantar. No era la misma cantante de siempre, por alguna razón que yo desconocía, esa noche otra mujer se había subido al escenario. La miré desde arriba hacia abajo, impresionado por su aspecto majestuoso. Qué digo majestuoso, esa mujer era de las que no aparecen todos los días. Era delgada, alta y esbelta, con la piel blanca como la nieve, la cual resaltaba más con el vestido rojo carmesí que llevaba puesto. Su pelo era corto y moreno, casi llegando al negro y los rasgos de su cara eran simplemente angelicales, tenía las facciones bien definidas, labios rojos como la sangre y su nariz era perfecta. Luego pasé a sus ojos, ellos eran grandes y de un color café los cuales expresaban sensualidad, pero supuse que solo era parte de la actuación, ya que el jazz es una música muy sensual. Mi mirada no pudo despegarse de ella en lo que duró la canción, a diferencia de la suya. Noté que se dio cuenta de mi presencia, porque varias veces me miró tímidamente, lo cual no había echo con otros hombres del bar. Había misterio en esa mujer, lo que hacía más interesante la situación. Al final de la canción tiró la rosa roja que traía en la mano desde el principio hacia el auditorio, y sorpresivamente cayó en mi mesa. La miré anonadado, no me había esperado esa reacción de ella, ahí fue cuando sus ojos y los míos se juntaron por unos segundos que parecieron eternos, mi cuerpo se puso tenso de la cabeza hasta los pies, una sensación que me sacudía por dentro. Ella dejó de mirarme, miró al público, agradeció haciendo un gesto con su mano, y se bajó del escenario.
Esa noche salí del bar dispuesto a una sola cosa: averiguaría quien era esa mujer. Volví al otro día esperando encontrarla, pero no fue así, esa noche había vuelto la misma cantante de siempre. Me acerqué a la barra donde un conocido atendía y le pregunté.
- No es la misma de anoche, eh. – dije intentando disimular mientras miraba al escenario.
- No, anoche fue solo un remplazo.-
- ¿No vendrá más? –
- No lo sé, amigo. No lo creo. ¿Porqué tan interesado?- Lo miré y me acerqué al mismo tiempo que me sentaba.
- ¿Sabes el nombre de esa mujer?-
- No, yo no contrato a los empleados, soy uno de ellos.-
Maldecí para mis adentros y me levanté de la silla sin despedirme. ¿Cómo podía ser que ella no había llamado la atención a nadie más que a mí? ¿Cómo podía ser que con lo que aparentaba ser ningún hombre del servicio de aquel bar se había mostrado interesado siquiera en saber su nombre? Volví a mi auto encendiendo un cigarrillo, y lo puse en marcha para volver a casa. Había sido un día bastante largo, estaba en medio de un proyecto con mi más querido amigo y productor, John Tucker, con el que había filmado la mayoría de mis éxitos, y el que me había descubierto para llevarme a la fama y permitirme descubrir, a mi mismo también, la profesión de la que quería vivir. Actuar era mi pasión, y desde que mis padres murieron, era lo único que me había mantenido alejado de toda la abrumadora historia de mi vida.
Al llegar a casa, me quité mi abrigo y cuidadosamente fui a mi habitación. Todas las luces estaban apagadas, y tenía la costumbre de caminar sigilosamente para no toparme con nada y romperlo, con tal de no prender las luces. Una vez en mi habitación, encendí la luz del velador y me quité la ropa hasta quedar en ropa interior, me metí en la cama y la apagué, dispuesto a dormir. Apoyé las manos sobre mi cabeza, mirando hacia arriba y por horas pensé donde podía localizarla, sin que nada se me ocurriera, hasta que me quedé dormido.
Mi vida antes de ella era completamente distinta. Un reconocido actor que lo tenía todo, fama, dinero, mujeres y salud; creí que nada más me haría falta. Sin embargo, a partir de ella me dí cuenta que había llenado un vacío de cuya existencia no me había enterado. Nunca me había enamorado, mi vida era prácticamente la vida de un hombre que amaba su trabajo, y que también se enfocaba en él más que en nada ni en nadie. Todos los días eran iguales para mí, excepto cuando grababa, en esos momentos era cuando me sentía vivo de verdad.
Una de esas repetitivas noches, me dirigí al bar donde solía ir siempre, me senté en la misma mesa y encendí un cigarrillo, vi venir a la moza, una mujer esbelta, de facciones endurecidas y la <piel de lagarto> que le había dejado tanto sol. Tenía el pelo color castaño claro, casi rubio, y ojos de un color verde avellana. Una mujer muy difícil de resistirse, pensé yo, aunque ya había perdido el interés por ella, habíamos ido a la cama varias veces, pero nada de compromisos, nunca los había querido, ni ella tampoco.
- Qué raro tu por aquí.- dijo sonriente en un tono sarcástico.
- No me perdería una noche de este bar, tiene historia.- le contesté del mismo modo. Ella siguió sonriente y me tomó el pedido, un whisky, como siempre.
A las nueve en punto comenzaría el show de la cantante de jazz, solo faltaban unos minutos, así que me dí vuelta hacia el escenario, para disfrutar de él. El poco tiempo pasó volando, como todos los días, y la cantante principal se mostró en el escenario. Ahí fue cuando el tiempo se detuvo.
La música comenzó a sonar, y ella a cantar. No era la misma cantante de siempre, por alguna razón que yo desconocía, esa noche otra mujer se había subido al escenario. La miré desde arriba hacia abajo, impresionado por su aspecto majestuoso. Qué digo majestuoso, esa mujer era de las que no aparecen todos los días. Era delgada, alta y esbelta, con la piel blanca como la nieve, la cual resaltaba más con el vestido rojo carmesí que llevaba puesto. Su pelo era corto y moreno, casi llegando al negro y los rasgos de su cara eran simplemente angelicales, tenía las facciones bien definidas, labios rojos como la sangre y su nariz era perfecta. Luego pasé a sus ojos, ellos eran grandes y de un color café los cuales expresaban sensualidad, pero supuse que solo era parte de la actuación, ya que el jazz es una música muy sensual. Mi mirada no pudo despegarse de ella en lo que duró la canción, a diferencia de la suya. Noté que se dio cuenta de mi presencia, porque varias veces me miró tímidamente, lo cual no había echo con otros hombres del bar. Había misterio en esa mujer, lo que hacía más interesante la situación. Al final de la canción tiró la rosa roja que traía en la mano desde el principio hacia el auditorio, y sorpresivamente cayó en mi mesa. La miré anonadado, no me había esperado esa reacción de ella, ahí fue cuando sus ojos y los míos se juntaron por unos segundos que parecieron eternos, mi cuerpo se puso tenso de la cabeza hasta los pies, una sensación que me sacudía por dentro. Ella dejó de mirarme, miró al público, agradeció haciendo un gesto con su mano, y se bajó del escenario.
Esa noche salí del bar dispuesto a una sola cosa: averiguaría quien era esa mujer. Volví al otro día esperando encontrarla, pero no fue así, esa noche había vuelto la misma cantante de siempre. Me acerqué a la barra donde un conocido atendía y le pregunté.
- No es la misma de anoche, eh. – dije intentando disimular mientras miraba al escenario.
- No, anoche fue solo un remplazo.-
- ¿No vendrá más? –
- No lo sé, amigo. No lo creo. ¿Porqué tan interesado?- Lo miré y me acerqué al mismo tiempo que me sentaba.
- ¿Sabes el nombre de esa mujer?-
- No, yo no contrato a los empleados, soy uno de ellos.-
Maldecí para mis adentros y me levanté de la silla sin despedirme. ¿Cómo podía ser que ella no había llamado la atención a nadie más que a mí? ¿Cómo podía ser que con lo que aparentaba ser ningún hombre del servicio de aquel bar se había mostrado interesado siquiera en saber su nombre? Volví a mi auto encendiendo un cigarrillo, y lo puse en marcha para volver a casa. Había sido un día bastante largo, estaba en medio de un proyecto con mi más querido amigo y productor, John Tucker, con el que había filmado la mayoría de mis éxitos, y el que me había descubierto para llevarme a la fama y permitirme descubrir, a mi mismo también, la profesión de la que quería vivir. Actuar era mi pasión, y desde que mis padres murieron, era lo único que me había mantenido alejado de toda la abrumadora historia de mi vida.
Al llegar a casa, me quité mi abrigo y cuidadosamente fui a mi habitación. Todas las luces estaban apagadas, y tenía la costumbre de caminar sigilosamente para no toparme con nada y romperlo, con tal de no prender las luces. Una vez en mi habitación, encendí la luz del velador y me quité la ropa hasta quedar en ropa interior, me metí en la cama y la apagué, dispuesto a dormir. Apoyé las manos sobre mi cabeza, mirando hacia arriba y por horas pensé donde podía localizarla, sin que nada se me ocurriera, hasta que me quedé dormido.
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Hope you like it :)


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