3/28/2009

Fe.

El que no hallan comentado, no quiere decir que no hallan leido, así que voy a hacer otro intento y voy a poner el segundo capítulo.


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Capítulo II.

Me levanté a la mañana siguiente con las ideas revueltas y algo mareada. Recordé que era lunes, los lunes debía llegar más temprano a casa de Andy, mi mejor amigo, ya que estábamos buscando material nuevo para mis canciones, y las ideas fluían más a tempranas horas de la mañana – al menos eso era lo que Andy pensaba -. Me dirigí al baño y tomé una ducha de agua caliente, como solía hacer todas las mañanas para refrescar mi mente. Me consideraba a mi misma una mujer muy organizada, puntual y realista; pero me costaba despertarme totalmente en las mañanas. En aquella, además, había despertado algo perturbada, creía saber la razón.
También recordé que la nana de Patrick, mi hijo de siete años, no estaría en casa en minutos como siempre lo hacía, a causa de que la semana pasada había ido a visitar a su hija en Liverpool, quien había sido madre primeriza. , me dije para mi misma, lo repetí varias veces susurrando. No podría llegar a tiempo a casa de Andy. Ya resignada, me dirigí a la habitación de mi niño, y lo vi dormir con tanta calma que me dio pena despertarlo, pero debía ir a la escuela.
- Patrick, despierta. Ya es de día.-
- Hmmm.- gimió con pereza.
- Buenos días- le dije con la mejor sonrisa, siempre reservada para él.
- Buenos días, mami.- me contestó del mismo modo.
- ¿Quieres que te ayude a vestirte? ¿O puedes hacerlo tu solo?-
- No, mamá- pareció enfadado, y luego hizo un gesto de diplomacia al decir: - ya soy un niño grande, ¿Verdad?-
- Si, claro que sí.- respondí siguiéndole el juego.
- Pues entonces, puedo hacerlo solito.-
- Bien, en ese caso- me paré y caminé hasta la puerta- te espero abajo en cinco minutos con el desayuno listo. Lávate la cara y los dientes, ¿Necesitas ayuda con eso?-
- No.- dijo con el mismo tono de diplomacia que había utilizado al emplear las palabras anteriores. Le sonreí de nuevo, y me encaminé hacia la cocina donde preparé un tazón de cereales con leche para Patrick y un café con una tortada para mí. Mientras esperaba que el pan se tueste, fijé mi vista en la calle, a través de la ventana de la cocina. Una sonrisa se dibujó en mis labios. Al fin las cosas que más había anhelado se estaban llevando a cabo. Tenía un hijo, el mejor que alguna vez hubiera imaginado. Era tan cariñoso e inocente, tan tierno y tan dependiente de mí, que se me cruzó por la cabeza que lo único que ambos teníamos éramos nosotros mismos. Bueno, yo tenía a mi amigo, mi fiel amigo Andy, lo que me llevaba a la otra cosa que siempre había querido, brindar mi música a los demás. ¡Ese mismo Andy me miraría con ojos tan furiosos si llegaba más tarde de lo que era! Me reí para mis adentros. Patrick tampoco estaba solo, lo tenía a su padre. No, no lo tenía, Joseph era mi ex marido, y la peor persona que jamás había conocido. Entonces me choqué con la realidad, no tenía todo lo que había anhelado. Solo faltaba cosa. Nunca, murmuré para mí. No, no me permitiría que eso ocurriera, jamás.La tostadora emitió el famoso sonido que emiten todas cuando el pan está listo. Lo retiré de esta, le unté un poco de mermelada, y la llevé a la mesa junto con la taza de café y el tazón de cereal con leche. Al mismo tiempo que apoyé la taza, Patrick bajaba de las escaleras alborotado, para sentarse en la silla y comenzar a comer.
- Tranquilo, no llegarás tarde.
- No, pero tu si. Hoy es lunes.- me sorprendía a veces lo observador que era mi hijo con solo siete años.
- No te preocupes, Andy entenderá, come más despacio, te puede hacer mal.- él me obedeció. Luego de que ambos terminamos el desayuno, llevé a Patrick a la escuela y doblé en dirección a la casa de Andy, quien al abrirme la puerta no parecía muy entusiasmado.
- Al fin ¿Quién eres? ¿El ratón de Alicia en el país de las maravillas?
- Disculpa, lo siento. Olvidé decirte que la señora Bubble no viene esta semana, tuvo que viajar. Y, era un conejo.
- ¿Eh?- no pareció comprender.
- El de Alicia, no era un ratón, era un conejo.
- Como sea.- dijo con un aire divertido- comencemos.
Me quité el abrigo y fuimos al estudio donde hacíamos la música. Pero nada parecía ser de mi agrado, nada surgía de mi cabeza. Tal vez no estaba concentrada. No lo estaba, en lo absoluto, y Andy inmediatamente se dio cuenta.
- ¿Qué te ocurre Faith? Nada te gusta.
- No lo se, es que…
- Ayer no te podías concentrar, hoy tampoco. ¿Qué es lo que te inquieta? – se dispuso a escuchar, siempre atento.
- Bueno; - dije luego de unos segundos de pensar.- Hay algo que tal vez sea lo que me inquiete.
- ¿Qué? – seguía atento.
- Un hombre.- dije forzosamente.
- ¿Eh? – Andy se mostró sorprendido, hacía ya demasiado tiempo que no le hablaba de un hombre que no fuera mi ex marido, y nunca le hablaba bien de él.- ¿Joseph?
- No, estaba en el bar donde canté la otra noche, en una de las mesas, y no dejaba de mirarme.- me detuve para ver si decía algo, pero se quedó en silencio esperando oír más. Continué – era frívolo, y me miraba con cierta fascinación en sus ojos, cierta posesión, me dio algo de miedo.-
- ¿Era guapo?
- Sí – contesté sin duda – pero, creo que es él lo que me mantiene inquieta, hasta me he despertado exasperada ésta mañana, y la anterior.-
Andy me miró con compasión y sus ojos transmitieron algo parecido a un sentimiento de protección.
- Oh, no, pero no tengo miedo, no es eso lo que me inquieta.
- ¿Te atrae? – preguntó sin vacilación, y con el mismo rostro serio, que no solía ver, salvo cuando le hablaba de Joseph. Entonces pensé si me atraía, no había considerado eso, pero no pude pensarlo.
- No.- mi voz sonó cortante y con recelo.
- Sólo intentaba ayudar – dijo encogiéndose de hombros - ¿Sabes su nombre?
- No.- volví a contestar.
- Bueno, supongo que ya pasará – intentó que sonara convincente, en un acto fallido.
- Supongo.- mi tono sonó más convincente que el suyo.
- Concéntrate en la melodía. ¿Ésta te gusta?
Intenté hacerlo, hasta escuchar el piano sonar con notas dulces y sencillas, algo entre cortadas, que se debían a que Andy acababa de inventarlas.
- De hecho, son lindas, – sonreí – tenlas en cuenta. Guárdalas.
El resto de la mañana transcurrió más en sintonía con las normales, dónde nos enfocábamos en el trabajo ciegamente y dejábamos fluir las ideas.
En el trayecto hacia la escuela de Patrick, apareció de nuevo, aquél hombre que aturdía mis pensamientos. No le había contado a Andy ni la cuarta parte de lo que había sucedido ésa noche.

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